sábado, 28 de marzo de 2015

Neila: Capitulo 1. Un nuevo camino.


Neila

Capitulo 1. Un nuevo camino.



Salí corriendo de las cuevas de meditación, junto a mis nueve compañeros del Clan Orus de entrenamiento Jedi al que pertenecíamos, en dirección a las naves aparcadas en posición vertical que tiempo atrás habían sido aterrizadas con la intención de formar el Templo Escondido. El metal de los puentes-pasadizo que unían las naves y las cuevas estaban completamente encharcados, y no resbalarse era casi imposible. La tormenta, que horas antes había comenzado como poco más que una llovizna bajo el sonido de los truenos, golpeaba el planeta ahora con gran violencia. Un rayo cayó del cielo y sacudió la nave de carga principal, creando una sobrecarga en los sistemas: todas las luces del complejo se apagaron al instante, y tuvimos que dejar de correr para no caernos por el precipicio de casi cuarenta metros.
––¿Por que demonios no ha funcionado el escudo?––preguntó a voz en grito para que se le oyese el Maestro Jen. Se notaba en su tono de voz una leve chispa de furia, algo irónico en el maestro de meditación y control emocional.––¿Es que acaso algo funciona bien en este maldito planeta?
La furia del Maestro, en si, tenía bastante sentido. Desde los casi diez años que llevaba viviendo allí, no había habido ni una sola semana en la que alguno de los sistemas de las naves no fallase, y casi siempre lo hacían en los momentos críticos. Seis meses atrás habíamos estado a punto de tener que abandonarlo todo por una invasión de los seres nativos del planeta, que nos habían encontrado tras la explosión de uno de los reactores de la Nave mando, donde se hallaba el Alto Consejo Jedi. La explosión no había causado víctimas, pero como casi todos los desastres que nos ocurrían, había sido por el escaso acceso a reparaciones navales que teníamos en aquel mundo perdido de la mano de dios. Los únicos que vivíamos en el Templo Escondido eramos los alumnos y los Maestros, y habíamos tenido que pedir ayuda al Templo de Coruscant para que nos mandase un equipo de reparaciones.
––Calmese, Maestro––Dijo Glaw, el único amigo que me quedaba en el clan tras la incorporación de Fahii en nuestras filas.––ya estamos empapados, no creo que nos vaya a caer un rayo a nosotros con tanto meta alrededor.
La única contestación del Maestro Jen fue un leve suspiro, seguido del lento sonido de sus pasos sobre el metal. Volvimos a reanudar la marcha, esta vez teniendo cuidado en no tropezarnos con la oscuridad y manteniéndonos agarrados a los cables que servían de pasamanos del puente. Al cabo de diez tortuosos minutos atravesamos las puertas corredizas de la Nave escuela, la única colocada en posición horizontal, y en la que se encontraban las zonas de entrenamiento y las habitaciones de todos los aprendices de los clanes.
––¿De verdad que lo has visto?––Gritó una voz chillona por encima del murmullo de un montón de niños que estaban arremolinados en circulo en mitad del pasillo. Rápidamente todos los alumnos que acabábamos de entrar nos acercamos para ver que sucedía.
––Que si, por dios, te lo juro. Cais Ihoren ha aterrizado en un caza espacial hace veinte minutos en las cuevas del este.––contestó un joven adolescente que llevaba ya la capa que se le daba a los Padawan que habían sido aceptados por un Maestro.
––¿Cais Ihoren?––preguntó una niña de apenas seis años. Tenía los ojos de color morado, lo que indicaba que a pesar de su apariencia humana pertenecía a otra especie de seres inteligentes.
––Ah, claro, los pequeños no lo conocéis.––Contestó en tono autoritario la voz de Fahii. Fahii era un joven humano, estúpido, irreflexivo y creído de Coruscant. Su padre era el Senador de dicho planeta, y por ello él se creía superior al resto, y que tenia el derecho de mandar sobre los demás. El problema era que el resto dejaban que mandase, porque era un chico "guay". Era alto y esbelto, y con el Sable Laser era el segundo más veloz de la escuela, detrás de un chico del Clan Banis. Su problema era que se lo tenía demasiado creído y era un arrogante y un prepotente, y eso provocaba que perdiese casi todos los combates de entrenamiento.––Cais Ihoren fue un miembro del Alto Consejo Jedi antes del Pacto de los Caminos de La Fuerza. Él fue quien convenció a la Nueva República Democrática y al Imperio Democrático para que hiciesen una alianza. Después de eso, fue un tiempo parte del Alto Consejo Jedi de aquí, pero cedió su cargo pocas semanas después. Desde entonces se dedica a misiones por el Borde Exterior. Apenas pisa el Templo.
––¿Por que creéis que esta aquí?––dijo Glaw, con sus ojos verdes soltando chispas por la emoción. El único defecto de mi amigo era que le perdían demasiado las leyendas Jedi. Se pasaba los días en el Archivo, leyendo documentos, en vez de entrenando, y por ello era el último de la clase en combate, pero el primero en conocimientos y autocontrol.
No escuché exactamente lo que dijo el Padawan de la capa, no me interesaba. Me hice paso entre el montón de alumnos y continué andando hasta mi habitación individual. Me quité la túnica y el resto de la ropa, y me puse una muda limpia y seca. Solté un suspiro y me senté en la cama. La verdad es que en el fondo si que sentía curiosidad. ¿Que hacía semejante leyenda en nuestro Templo destartalado? Vale que de aquí salían los futuros Caballeros Jedi de Combate, expertos en Fuerza Viva, que era su territorio, pero eso era cuando crecíamos mas e íbamos a misiones. En el Templo ahora mismo todos eran una pandilla de críos que se morían de ganas por empuñar un sable láser de verdad, y no los que nos daban a los alumnos que lo máximo que podían provocar era una quemadura. Solté un segundo suspiro. No eran ellos los únicos críos. Yo también lo era, y yo también me moría de ganas de salir del Templo. Aquel año era mi última oportunidad. En la Orden Jedi, si a los trece años un aprendiz no había logrado interesar a un Maestro para entrenarlo, era o bien expulsado, o enviado a uno de los cuerpos de servicio Jedi: el cuerpo sanador, el agrícola o el cuerpo de guardianes. Y yo no quería ser nada de eso. Yo quería empuñar mi propio sable láser, y vagar por la galaxia ayudando a la gente, liberando esclavos e impartiendo justicia. Esa justicia que en mi infancia me habían arrebatado. Tragué saliva y cerré los ojos. ¿Sentía deseos de venganza? Quería creer que no, pero en el fondo no lo tenía tan claro. Si era venganza, al menos no lo era de forma convencional. No tenía ganas de matar a aquellos que, según me habían contado los Jedi, habían matado a mis padres en Dantooine. Tenía ganas de pararles los pies a todos aquellos que trataban mal a otros seres, ya fuesen humanos o no.
––¿Neila?––Sonó la voz de Glaw tras la puerta, interrumpiendo mis pensamientos.––¿Estas ahí? Es hora de cenar. Nos vamos a quedar sin sitio en la cantina.
Me puse en pie rápidamente, consciente de lo mucho que me rugía la tripa, y recorrí el par de pasos que me separaban de la puerta. Las habitaciones del Templo no eran para nada estancias lujosas. Ni siquiera se si se le podían llamar habitaciones. Era una pequeña sala con una cama, una mesa pequeña para estudiar, un armario, y una puerta que daba a un baño compartido por cuatro alumnos. Eran dormitorios que cumplían completamente con las normas Jedi: nada de posesiones, nada de avaricia, lo justo para vivir. Aun así, la mayoría de alumnos teníamos más que las sabanas y la ropa. Casi todos teníamos algo que nos recordaba a nuestros padres, ya fuese una foto o una carta, y algunos como Glaw y como yo teníamos la mesa llena de piezas de aparatos rotos que intentábamos arreglar sin éxito pues no sabíamos como eran en un principio, o para que funcionaban. Abrí la puerta y salí al pasillo, donde me esperaba mi compañero, que aun mantenía ese brillo de ilusión en la mirada. Comenzamos a andar hacia la cantina.
––¿Por que crees que habrá venido Cais al Templo? Zahii piensa que se ha hartado de las misiones y quiere volver a ocupar su puesto en el Alto Consejo Jedi de Combate. Philk cree que quiere hacerse cargo de la academia para demostrar que él tiene razón en sus creencias y no los de La Fuerza Unificadora de Coruscant.––Por su tono de desdén al pronunciar Coruscant supe al instante que el que creía que los de ese Templo estaban equivocados era mi amigo.
––¿Philk?
––El Padawan de la capa.
––Ah.––fue mi única respuesta. Glaw sabía de sobra que no me gustaba especular sobre las intenciones de la gente para no hacerme falsas ideas, y comprendió que no iba a sonsacarme ninguna de mis opiniones al respecto.
––Philk es el Padawan del Maestro Jen. Se anunció ayer, y ha pasado la noche en el salón de ceremonias meditando. Supongo que eso significa que van a cambiarnos de Maestro de meditación, porque se ira a cumplir misiones. Espero que nos pongan a Shn'dei.
Giramos a la derecha en la bifurcación que unía el pasillo de las habitaciones de chicas con el de chicos, y a su vez con el de la cantina, y abrí la boca para contestarle que el Maestro Shn'dei, aunque un genio en lucha, era un necio irreflexivo que no sabía meditar. Pero de pronto escuché la voz de Zahii un poco mas adelante. Me paré para observar la escena. El chico de Coruscant estaba golpeando en la tripa a un niño Gungan, que era sujetado por dos amigos de Zahii, mientras el pequeño del planeta Naboo lloraba y suplicaba que lo dejasen en paz. Empecé a andar hacia ellos, con la mano en el sable láser de entrenamiento que llevaba al cinto.
––Dejales, Neila, te vas a meter en un lio... otra vez––susurró mi amigo cuando pasé a su lado, pues él se había adelantado unos pocos pasos mas antes de pararse.
Cuando llegué a la altura de los tres matones, Zahii paró de golpear al pequeño anfibio, y se giró para mirarme a la cara, con una sonrisa burlona y casi diabólica en la mirada.
––¿Que quieres?, no ves que estoy ocupado haciendo saber a este idiota que no debe..––No terminó la frase, saqué el sable láser, lo encendí y lo apunté hacia su cuello.––¿Que demonios haces?
––¡Déjale en paz, vámonos!––gritó Glaw cuando vio que Zahii también encendía su sable láser––¡Nos van a expulsar!
––Haz caso al miedica y lárgate de aquí, Neila. A menos que quieras que te de una paliza.
Al ver que no me movía, Zahii empuñó su arma con ambas manos y se abalanzó sobre mi. Interpuse mi sable láser entre el suyo y mi cuerpo, echando el pie derecho hacia atrás e impulsando mi cuerpo para hacerle retroceder en cuanto ambas armas chocaron. En cuanto sus pies volvieron a tocar el suelo, un metro mas adelante, volvió a correr hacía mi. Nuestros sable láser se entre chocaron y soltaron chispas. Hice una finta hacia la derecha, con un giro de 360º, y nuestros sables volvieron a chocar. Me puse en guardia y me alejé unos cuantos pasos de un salto hacia atrás. Zahii echó a correr hacia mi, esperé en mi posición, y justo cuando él alzaba el sable láser, para después bajarlo con fuerza contra mi, me aparté, tropezó al no encontrar un objetivo y le golpeé en la espalda con mi arma: cayó de bruces y resbaló por el suelo. Se giró para levantarse, pero fui más rápida y le puse la punta del sable en el cuello.
––¡Parad!––gritó una voz potente y grave que no me sonaba detrás de nosotros, justo en el momento en el que los dos amigos de Zahii sacaban sus sables con intención de vengar a su cabecilla. Me giré y vi a un hombre alto, con la túnica y la capa arrugadas, de pelo negro y ojos azules andar hacia nosotros. Lo reconocí por los hologramas del archivo: era Cais Ihoren. Me fije en que estábamos rodeados por casi todos los alumnos de la escuela, que observaban entusiastas aquella batalla.––¿Que creéis que estáis haciendo?––continuó diciendo tras hacerse un hueco entre la multitud y acercándose a nosotros.
––Zahii estaba pegando a ese Gungan––le contesté en un tono de voz neutral, mientras apuntaba al joven niño que estaba en el suelo, de rodillas, abrazándose la tripa. Cais miró a Zahii.
––Me empujó––fue lo único que contestó mi rival, refiriendose a porque estaba pegando a aquel niño.
––¿Que hacéis mirando?––Replicó el Maestro Jen, que había venido detrás de Cais, a todos los alumnos que nos observaban. Al cabo de unos instantes en el pasillo solo quedabamos los dos maestros, Zahii, el chico Gungan y yo. Jen se acercó a nosotros, levantó a Zahii del suelo y le dio un empujón para que se fuese hacia la sala de meditación––piensa en lo que has hecho, en el porqué y en como te has sentido con ello. No quiero verte mañana fuera de esa sala sin haberle pedido perdón a Jar'Den.––Se acercó a Jar'Den, el niño Gungan, lo ayudó a levantarse y se lo llevó a la zona médica para que comprobasen que no tenía ninguna herida importante.
Nos quedamos solos Cais y yo, y alcé la mirada. Mis ojos se encontraron con los suyos, y sentí como un escalofrío recorría mi cuerpo. No entendía porqué a mi no me habían mandado al aula de meditación junto a Zahii. Las otras veces que le había plantado cara ambos habíamos sido recluidos para meditar sobre nuestros actos. A pesar de mi curiosidad, me mantuve en silencio, esperando a que el Maestro fuese el primero en hablar. Pareció comprender mis dudas y sonrió.
––Eres Neila, ¿no?––asentí, y su sonrisa se hizo aún más amplia.––¿No vas a preguntarme porque no te hemos castigado a ti también?
––¿Es porque en el fondo no he hecho nada malo?
Cais soltó una carcajada al oír mis palabras, desconcertándome, y asintió con la cabeza. Levantó la mano derecha y se rascó la barbilla, pensativo, mientras su mirada seguía completamente clavada en mi. Sus ojos, que en un principio parecían completamente azules como el cielo en un día sin nubes, tenían en realidad pequeñas motas doradas recorriéndolos, como pequeñas estrellas en una galaxia.
––Llevo media tarde buscándote––dijo a continuación, haciéndome abrir la boca en un gesto de incredulidad. ¿Un Maestro buscándome? Se me hizo un nudo en la garganta, y los nervios empezaron a recorrer mi estomago. ¿Había hecho algo mal e iban a expulsarme? Tragué saliva, consciente de que aquella idea era absurda, pero el nudo siguió ahí.––Ven––dijo, haciéndome un gesto, y me condujo por los pasillos rumbo a la sala de ceremonias. Los nervios empezaron a aumentar, y un extraño hormigueo empezó a recorrerme el cuerpo. El corazón se me desbocó cuando se paró enfrente de la puerta con una sonrisa y la abrió. ––Quiero que te pases la noche meditando sobre tus objetivos en la vida. Mañana, cuando salgas a primera hora, ponte la túnica marrón que cuelga de la percha del fondo de la sala, y ven a buscarme a la sala del Alto Consejo. Tenemos una misión, mi nueva jovencisima aprendiz.
Casi me dió un infarto al escuchar sus ultimas palabras. Yo, aprenediz. Aun mejor. Aprendiz de Cais Ihoren. Y aun mejor si era posible. Elegida aprendiz de Cais Ihoren antes de que Zahii tuviese un maestro. Le dediqué la mayor sonrisa de felicidad que había puesto en mi vida, asentí con la cabeza y entré. Aquello iba a suponer una gran lección de moral para aquel chico. Con su comportamiento no iba a conseguir Maestro antes que todos aquellos a los que amedrentaba. Escuché como la puerta se cerraba detrás de mi, y caminé hasta el centro de la sala. Me senté en el cojin que había, cerré los ojos y tragué saliva. Mis objetivos en la vida. Primero, ser Caballero Jedi. Segundo, salvar a todos los seres de la Galaxia de sus opresores, o de los posibles opresores que pudiesen llegar a tener. ¿Y después? ¿Enseñar a jóvenes Padawan ilusionados por cumplir esos mismos objetivos? Mi corazón dejó de latir de forma desbocada, contestando a ese pensamiento de forma negativa. Cerré los ojos con mas fuerza. ¿Formar una familia? Mi corazón latió mas despacio aun. No. Eso si que no. ¿Enamorarme? No. Que idiotez. El amor conduce al Lado Oscuro. Suspiré. Tras pensar en eso, y sin ocurrirseme nada más, una imagen que ya casi había olvidado apareció en mi mente. La imagen de aquella niña sonriendo que había conocido antes de empezar mi camino como Jedi, y a la que no le haía preguntado su nombre: yo tenía cinco años, me estaban trasladando de Dantooine al Templo Escondido en una nave de futuros aprendices Jedi que iba rumbo al Templo de Coruscant, y allí había conocido a una chica de pelo largo rojizo recogido en una trenza. Habíamos estado jugando por la nave. La había salvado de caer en el conducto de basura y ella me había prometido que me devolvería el favor. También me había dado las gracias con un cálido abrazo. Cuando aterrizamos en el Templo Escondido, me había preguntado si volveríamos a vernos, y yo le había prometido que si, que la buscaría por toda la Galaxia si hacía falta para que me devolviese el favor de haberla salvado. Porque ella iba a ser una Jedi y ellos siempre cumplían sus promesas. Y yo debía encontrarla, porque debía cumplir mi promesa, antes o después de cumplir mis otros dos objetivos, y porque quería volver a ver esa sonrisa y sentir ese cálido abrazo.

viernes, 27 de marzo de 2015

Star Wars: Hijos de la Justicia

Bienvenidos a Star Wars: Hijos de la Justicia, mi nuevo blog en el que iré colgando los episodios de este FanFic que estoy haciendo sobre la Galaxia de Star Wars. Aquí encontrareis la historia de nuevos héroes Jedi, que tienen que pararle los pies a nuevos enemigos muchos años después de lo acontecido en las películas de Star Wars. Esta historia comienza en la Era del Legado, bajo el punto de vista de cuatro jóvenes Padawan. Por una parte tenemos a Neila, una joven de doce años procedente de Datooine, que vive en el Templo Escondido, y se entrena para ser Caballero Jedi de la Orden de Combate Jedi. Por otro lado, tenemos al joven Yevi y a la joven Ahnia, hermanos mellizos originarios de Coruscant, que se entrenan en dicho templo para ser Caballeros Jedi de la Orden Diplomática Jedi. Y por ultimo, el pequeño Dandie, un joven procedente Aargau, un planeta cercano a Coruscant, que es adoptado por el Emperador para ser el futuro Comandante de sus Caballeros Imperiales. Estos cuatro jóvenes se verán en sus aventuras para explorar la totalidad de La Fuerza inmersos en la lucha por el futuro de todas las razas inteligentes de la Galaxia. Os dejo aquí la introducción:

Star Wars: Hijos de la Justicia

<<Corre el año 200 DBY (Después de La Batalla de Yavin 
y la caída de la Primera Estrella de la Muerte), 
y ya quedaron muy atrás las hazañas acontecidas 
por el linaje de los Skywalker. La Galaxia vive una nueva 
Era de Paz en la Era del Legado, gracias al tratado de 
Gobierno entre las facciones unidas planetarias de 
La Nueva República Democrática y El Imperio Democrático. 
Los Jedi juegan un papel más crucial ahora que en la 
época de La Antigua República. Ya no son siervos de 
gobiernos o idealismos políticos, ahora son auténticos 
caballeros de la Justicia. No luchan en nombre de la 
República ni del Imperio, si no de la civilización, 
el dialogo y la Paz. Movidos por las peticiones de 
cualquier ser inteligente que se vea oprimido 
por otros, los Caballeros Jedi viajan a lo largo 
y ancho de la Galaxia destruyendo todos los posibles 
indicios de guerra y de crueldad. Si estas arduas tareas no 
son suficiente responsabilidad para una Orden que aunque 
poderosa, cuenta con un bajo numero de miembros, 
también tienen la misión de hacer justicia en las 
escaramuzas políticas entre ambos bandos galácticos, 
y por eso La Orden Jedi se vio obligada a dividirse con el 
Pacto de los Caminos de La Fuerza. En Coruscant, 
en el Nuevo Templo Jedi reside el Alto Consejo Jedi, 
creyentes de La Fuerza Unificadora, buscando visiones 
de futuro y guiando de forma dialogada a ambos bandos 
hacia el camino del lado luminoso. Mientras tanto, en 
El Templo Escondido, en un planeta que todo el mundo 
desconoce salvo los Jedi, vive el Alto Consejo de Combate Jedi, 
creyentes de La Fuerza Viva, buscando y creando su 
propio destino en vez de esperando a que este se 
lleve acabo. En ambos Templos, jóvenes sensibles a 
La Fuerza de todos los planetas son entrenados para ser 
futuros Caballeros. El problema esta en que ambas facciones 
de la Orden no son los únicos usuarios de La Fuerza. A 
escondidas del resto de La Galaxia, El Emperador Dar Nit'hai, 
antiguo alumno del Templo Jedi de Coruscant, esta 
reclutando su propio ejercito de sensibles a La Fuerza, 
creando así La Orden de Caballeros Imperiales, 
jóvenes al borde del Lado Oscuro, leales al 
Emperador y no a la paz o la justicia, que utiliza 
sin remordimientos para sus propios fines.>>